TEMA-F
Consecuencias de la crisis.
Son consecuencias de tipo global y general.
Político: En el orden internacional se recrudecen los nacionalismos. Se pierde la idea de ayuda internacional y predomina la actitud de recelo e insolidaridad entre los estados.
En lo que se refiere al interior de los estados se abandonan los presupuestos liberales y se establecen modelos que buscan la intervención del Estado (como única salida).
Demográficos: Se produce una detención y regresión del crecimiento de la población. Los economistas relacionan expansión económica con expansión demográfica. Hay movimientos migratorios. Paralización de los movimientos transoceánicos en los 30.
Ideológicas: El empobrecimiento es general, con lo que el incremento de los movimientos obreros es significativo. En Europa, sobre todo en Francia y Alemania, hay un gran malestar social. A pesar de las fuertes protestas obreras no hay acciones revolucionarias. La conflictividad social se pone de manifiesto en marchas, batallas contra el sistema... Separación definitiva de socialismo y comunismo, los socialistas tratan con el estado, colaboran.
Intelectuales: Crisis de conciencia. Se desarrolla la “Generación Perdida” de escritores. Son realistas y muy negativos. Tuvieron una gran repercusión en la sociedad.
Revisión del pensamiento económico: El principal pensador económico es J. M. Keynes, que critica las teorías neoclásicas, el Liberalismo Económico tradicional (del siglo XIX). Pretende una teoría nueva, intervencionista. El Estado tiene el papel de estabilizador, es decir, que debe minimizar los efectos negativos de la crisis. Publica en 1936. Muere en 1946, pero sus teorías siguen en práctica. Keynes opinaba que el nivel de empleo no depende sólo del salario, sino también de otras variables como la capacidad de consumo, aumento de demanda...
Soluciones a la Crisis:
Las soluciones globales y particulares se tomaron inspirándose en las nuevas teorías económicas. El objetivo básico era restablecer la tasa de beneficios de las empresas a base de aumentar la demanda interior. En los sistemas democráticos se potenció la aparición de empresas públicas, constituyendo esta práctica un precedente de la planificación económica posterior a la II Guerra Mundial. En los gobiernos fascistas se tiende a la planificación centralizada y al auto abastecimiento, primando el desarrollo de las obras públicas y el rearme. Tanto en un caso como en otro, el estado prestó ayuda a las empresas, bien con subvenciones a fondo perdido, o bien con nacionalizaciones. Proteccionismo y rearme.
a recuperación en el Reino Unido[editar]
La política económica británica en los años 1930 estuvo marcada por la trascendente decisión de abandonar el patrón oro en 1931. La flotación de la Libra no fue acompañada de una mayor intervención estatal como en los otros países. La nueva política británica se sustentó en el crédito barato y en el proteccionismo. Las posibilidades de acceso a préstamos a bajo costo fue uno de los factores que contribuyó a impulsar el mercado de la construcción. Por otro lado, el establecimiento de una política arancelaria dio por finalizado un período de casi noventa años de libre comercio, con la importante consecuencia de colocar al mercado interno como motor del crecimiento. Este rasgo se vinculaba con la pérdida de competitividad de los productos ingleses y con las posibilidades de expansión del consumo de masas que se desarrollaría plenamente en la posguerra.
Si bien la economía británica experimentó una recuperación más prolongada y sostenida que la del resto de los países industriales, hubo dos aspectos negativos importantes: el alto desempleo y la concentración empresarial producto del proteccionismo y la preferencia imperial. Gran Bretaña, la potencia industrial menos concentrada en 1914.
La recuperación en Francia[editar]
La economía francesa, de buen comportamiento en la posguerra, se vio enfrentada a la crisis, cuando en 1931, Gran Bretaña y otros numerosos países decidieron abandonar el patrón oro. Hasta ese momento, la devaluación del franco y el proteccionismo hicieron que Francia fuera alcanzada débilmente por la crisis. El problema se presentó ante la disyuntiva de mantener el patrón oro, favorecido por su gran cantidad de reservas de este material, o devaluar. La decisión de mantener el patrón oro, por el temor a la inflación, impuso una línea de acción deflacionaria para adecuar los precios franceses a los niveles mundiales en un marco de devaluación general. Así, se promovió la deflación mediante la reducción de gastos, una baja en los salarios y el mantenimiento de altas tasas de interés. Esto provocó tensión social, caída de las inversiones y ningún resultado positivo.
Sin embargo, en 1936, un nuevo gobierno de carácter socialista produjo un viraje de significación. Se abandonó el patrón oro con la consecuente devaluación del franco, se realizó un moderado plan de obras públicas, se regularon los precios agrícolas y se aumentaron los salarios. El traslado inmediato de los incrementos salariales a los precios relanzó la inflación y reapareció la tensión social. A principios de 1939 la economía francesa pareció despegar debido al aumento de los gastos militares, pero la entrada en la guerra y la ocupación por parte de Alemania al año siguiente cambiaron el rumbo de la historia de Francia.
La recuperación en Alemania y el nacimiento del Nazismo
Discurso de Hitler en 1935.
Hacia 1933, la economía alemana no había superado aún el impacto negativo de la política económica implementada por un gobierno que había apostado por la deflación para salir de la crisis. Como la economía alemana dependía fundamentalmente de los préstamos estadounidenses, la reducción de los mismos a partir del 1929, tuvo efectos directos en la economía. La decisión del gobierno de mantenerse en la ortodoxia generó más desempleo, la caída del producto interno bruto y el colapso del sistema bancario. La mala situación social, más el temor del avance del comunismo son claves para entender la llegada de Hitler y el partido Nacional Socialista al poder. Los comunistas alemanes fueron acusados del incendio del Reichstag, y en un clima de terror e inseguridad, se le otorgó el poder absoluto de una forma legal y constitucional.
El nazismo se caracterizaba por un ultra nacionalismo totalitarismo y expansionista, anticomunismo, anti liberalismo, antisemitismo y por la idea de supremacía racial del pueblo alemán. La política nazi en relación a lo económico estuvo caracterizada por el alto grado de intervención estatal. Los objetivos finales de esta política económica eran el control totalitario de la sociedad, los planes bélicos y la idea de superioridad racial. El sistema económico fue parte del sistema político de dominación.
La recuperación alemana comenzada en 1933, estuvo caracterizada por la creación de empleo y en una serie de disposiciones fiscales con el objetivo de favorecer a las grandes empresas. El gasto militar subió del 3% del PIB en 1933 al 23% en 1939. El sector estatal fue el mayor inversor y el mayor consumidor en la economía alemana disminuyendo el papel de la economía de mercado por las regulaciones impuestas por el Estado. A su vez, se profundizó la concentración en las distintas áreas de la economía, rasgo característico de la estructura productiva alemana.

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